Colombia amaneció sacudida por una imagen que parecía impensable: Álvaro Uribe Vélez estrechando la mano de Carlos Caicedo Omar, acompañado de un mensaje que sugería respaldo político y hasta una posible alianza nacional. El choque ideológico entre el máximo referente de la derecha y uno de los líderes más visibles de la izquierda regional desató todo tipo de lecturas sobre un eventual remezón en el tablero presidencial.
Aunque la publicación hablaba de resultados, de “un país que fracasó con Petro” y de que “en Colombia cabemos todos”, la sola idea encendió alarmas en ambos extremos. ¿Estaba Uribe dispuesto a apoyar a un candidato de izquierda con tal de mantener influencia? ¿Se estaba gestando una convergencia impensable entre orillas históricamente enfrentadas?
La polémica creció con las reacciones airadas desde el uribismo y otros sectores de derecha, que advirtieron sobre una posible “traición anunciada”, mientras Caicedo guardaba silencio, alimentando aún más la especulación. Sin embargo, cuando el debate estaba en su punto más alto, se reveló el giro final: todo fue una inocentada. La imagen y las declaraciones eran una creación con inteligencia artificial, difundida el Día de los Santos Inocentes.
Aun así, la pregunta quedó flotando en el ambiente político: ¿y si no fuera tan descabellado? La falsa alianza dejó al descubierto un país donde las fronteras ideológicas parecen cada vez más difusas y donde, real o no, la idea de que derecha e izquierda se junten por el poder ya no suena tan imposible.