Lo que debía ser progreso hoy es sinónimo de frustración en el municipio de Zona Bananera. La comunidad alza la voz ante el evidente incumplimiento en la entrega de varias obras públicas que, pese a tener plazos vencidos, siguen sin ser culminadas ni entregadas oficialmente.
Proyectos como el adoquinamiento del corregimiento de Orihueca, la vía Riofrío – Julio Zawady, el adoquinamiento en Guacamayal y el tramo vial Sevilla – Orihueca, permanecen en un limbo administrativo que huele más a abandono que a gestión. Las fechas de ejecución ya se cumplieron, pero las obras no aparecen por ningún lado en condiciones dignas de ser entregadas.
La indignación ciudadana no es gratuita. Denuncian tramos incompletos, adoquines mal instalados, sectores a medio intervenir y una planeación que parece hecha sobre las rodillas. A esto se suma el silencio incómodo de la administración de la alcaldesa Clareth Olaya Jiménez, que hasta ahora no ha dado explicaciones claras ni soluciones contundentes.
Mientras tanto, el discurso oficial de “tiempos de bendiciones” contrasta con la realidad de calles a medio hacer, vías intransitables y comunidades cansadas de promesas recicladas. La falta de respuestas y el evidente retraso en la ejecución de estas obras no solo afectan la movilidad y la calidad de vida, sino que golpean directamente la credibilidad institucional.
Lo más preocupante es que, pese a este panorama, la administración continúa anunciando y socializando nuevas obras, ahora de la mano de la Gobernación. Una apuesta que, lejos de generar esperanza, despierta más dudas: ¿cómo creer en nuevos proyectos cuando los actuales ni siquiera han sido terminados?
En Zona Bananera la paciencia se agotó. La gente no quiere más inauguraciones simbólicas ni discursos optimistas: exige obras reales, completas y, sobre todo, entregadas. Porque aquí, el progreso prometido sigue siendo solo eso: una promesa inconclusa.