El pasado 25 de diciembre se reportó la muerte de una niña indígena de la etnia Kogi, menor de edad, tras la mordedura de una serpiente mientras pernoctaba en el Parque Nacional Natural Tayrona. El hecho ha generado una condena categórica y contundente por parte de líderes y comunidades indígenas, quienes denuncian que el parque no cuenta con una red de urgencias inmediata para atender este tipo de emergencias vitales.
La tragedia vuelve a poner en evidencia una falla estructural inadmisible: un área protegida de altísima afluencia turística, visitada por centenares de personas de Colombia y del mundo, carece de protocolos de respuesta médica oportuna ante eventos previsibles como mordeduras de animales venenosos. La ausencia de atención rápida no solo expone a las comunidades ancestrales que habitan y transitan el territorio, sino también a los turistas, especialmente en plena temporada alta.
“Hoy fue una niña Kogi, ¿mañana quién?”, cuestionan líderes indígenas, al advertir que la negligencia no distingue origen ni nacionalidad. La indignación crece porque el riesgo es conocido y recurrente, y aun así no existen mecanismos eficaces de evacuación, antivenenos disponibles ni personal capacitado de respuesta inmediata dentro del parque.
El llamado es urgente y directo: activar planes de emergencia reales, dotar al Tayrona de atención médica inmediata, rutas de evacuación funcionales y coordinación interinstitucional. No puede serque uno de los parques más importantes del país siga cobrando vidas por falta de reacción. La prevención salva vidas; la inacción, las condena.
No hay respuesta del parque
Cabe anotar que este medio informativo trató de comunicarse con la directiva del parque Tayrona para saber a ciencia cierta el porqué. Esa reserva natural no cuenta con ningún tipo de emergencia inmediata para atender este tipo de hechos, pero no recibimos ningún tipo de respuesta por parte de las directivas de ese lugar turístico.