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¿Gobernadora Margarita Guerra y alcaldesa Clareth Oyalá: ausentes mientras Zona Bananera se arrodilla ante el miedo?

¿Gobernadora Margarita Guerra y alcaldesa Clareth Oyalá: ausentes mientras Zona Bananera se arrodilla ante el miedo?

Zona Bananera está secuestrada. No por una fuerza visible, no por una guerra declarada, sino por el arma más eficaz de todas: el miedo. Un municipio entero paralizado por panfletos anónimos que ordenan horarios, decretan toques de queda ilegales y someten a comerciantes y familias al confinamiento, mientras las autoridades miran hacia otro lado… o simplemente no miran.


 

Dos días completos de cierre comercial. Calles vacías. Puertas cerradas antes de tiempo. Familias encerradas desde las 9 de la noche, no por ley, sino por amenazas. Y todo esto por un simple papel, sin firma, sin responsables capturados, sin respuestas claras. En Zona Bananera, un panfleto tiene hoy más poder que el Estado.


 

Este municipio del norte del Magdalena, con 14 corregimientos y 54 veredas, históricamente ha sido un territorio complejo, sí, pero también ha conocido épocas donde se podía trabajar, circular y vivir sin zozobra. Hoy, esa tranquilidad es solo un recuerdo. Lo que reina ahora es la intimidación sistemática y la absoluta ausencia de autoridad.


 

La pregunta es inevitable: ¿por qué Zona Bananera?

¿Por qué mientras otros municipios del Magdalena mantienen su dinámica normal, este territorio permanece sometido, amedrentado y silenciado?

¿Por qué aquí sí manda el panfleto y no la ley?


 

La Gobernación del Magdalena y la Alcaldía de Zona Bananera parecen no entender —o no querer entender— la gravedad del asunto. No hay acompañamiento real al comercio, no hay presencia contundente, no hay acciones visibles que desmonten esta práctica delincuencial que vulnera derechos humanos básicos como el trabajo, la libre circulación y la tranquilidad colectiva.


 

Los panfletos no aparecen solos. Tienen un origen. Tienen un propósito. Y tienen un objetivo claro: doblegar a un pueblo entero. Pero lo verdaderamente alarmante no es su existencia, sino la normalización del silencio oficial frente a ellos.


 

Zona Bananera no pide milagros. Pide autoridad. Pide respaldo. Pide justicia. Pide que quienes fueron elegidos para gobernar gobiernen, y quienes fueron designados para proteger, protejan.


 

Mientras tanto, la comunidad sigue esperando. Esperando que alguien se atreva a enfrentar al “diablo” que impone horarios y encierra pueblos. Esperando que el Estado llegue antes de que el miedo termine de hacer su trabajo.