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¿Dónde está la Fuerza Pública? Santa Marta queda a merced de los violentos mientras Policía y Ejército guardan silencio

¿Dónde está la Fuerza Pública? Santa Marta queda a merced de los violentos mientras Policía y Ejército guardan silencio

Mientras desde las calles llegan reportes de bloqueos, buses incinerados, amenazas y miedo entre comerciantes y ciudadanos, en Santa Marta crece una pregunta que las autoridades tienen que responder: ¿dónde están la Policía y el Ejército para proteger a la población? La ciudad enfrenta una situación de tensión tras los operativos contra las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y los posteriores anuncios atribuidos a esa estructura criminal. (infobae⁠)


 

El cuestionamiento apunta directamente a los responsables de garantizar la seguridad en el territorio. Porque una cosa es anunciar despliegues, instalar puestos de mando y entregar comunicados, y otra muy distinta es que el ciudadano de a pie sienta que realmente está protegido. Comerciantes que dependen de abrir sus negocios para sobrevivir, transportadores que necesitan movilizarse y familias que simplemente quieren regresar a sus casas no pueden quedar atrapados entre las amenazas de los grupos armados y la incertidumbre sobre la capacidad de respuesta institucional.


 

La situación no es menor. Dos buses fueron incinerados en la Troncal del Caribe y se registraron bloqueos que afectaron la movilidad hacia Santa Marta, mientras las autoridades activaban un Puesto de Mando Unificado y anunciaban despliegues de Policía y Ejército en puntos considerados estratégicos. (infobae⁠) Pero la pregunta sigue sobre la mesa: ¿son suficientes esas medidas para devolverle la tranquilidad a los samarios o estamos simplemente reaccionando después de que ocurren los hechos?


 

Al coronel de la Policía Metropolitana, a los comandantes militares y a todos los responsables de la seguridad en Santa Marta les corresponde explicar qué están haciendo para garantizar la vida, la integridad y los bienes de los ciudadanos. Porque el miedo también paraliza, también destruye empleos y también golpea el progreso. Y mientras las autoridades dicen que tienen el control, en las calles muchos samarios sienten exactamente lo contrario.