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Circunscripción de Paz: el pulso entre la herencia del poder y la voz de las víctimas

Circunscripción de Paz: el pulso entre la herencia del poder y la voz de las víctimas

En la circunscripción especial de paz CITREP 12 Sierra Nevada Perija, se libra hoy una de las disputas políticas más profundas y simbólicas del país. No es solo una contienda electoral: es un choque de memorias, de historias y de visiones sobre lo que debe significar la representación de las víctimas del conflicto armado colombiano.


 

De un lado está Jorge Tovar, hijo de Jorge 40, uno de los exjefes paramilitares más conocidos del país, cuya estructura armada dejó una huella de violencia imborrable en regiones como Magdalena, Cesar y La Guajira. Tovar llega a esta contienda respaldado por una maquinaria política sólida, con redes de poder que ya han tenido representación institucional, pero que, según señalan líderes comunitarios y sectores sociales, no produjo transformaciones reales ni alivios concretos para las comunidades durante su paso por la Cámara de Representantes.


 

Del otro lado está Luis Guevara González, un hombre que no hereda apellidos ni estructuras, sino cicatrices. Víctima directa del conflicto armado, hijo de una familia golpeada por la violencia, con un padre asesinado y una hermana ultimada por bandas criminales en el corredor de la Troncal del Caribe, Guevara encarna una historia que se repite en decenas de municipios olvidados del norte del país.


 

Mientras uno representa la continuidad de un poder que nació desde arriba, Luis Guevara viene de abajo, de las calles, de las veredas, de los territorios donde la política tradicional nunca llegó, pero donde la violencia sí lo hizo con brutalidad. Su proyecto político se centra en una transformación real de las comunidades del Magdalena, Cesar y La Guajira, regiones históricamente marcadas por la corrupción política, el abandono estatal y la presencia de estructuras armadas ilegales.


 

Municipios y corregimientos como Guachaca, Palomino, Dibulla y Calabazo, a lo largo de la franja Caribe, siguen siendo territorios donde las víctimas cargan con el peso del conflicto, donde el miedo aún persiste y donde las promesas del Estado no se han cumplido. Son precisamente estas comunidades las que hoy están llamadas a decidir si la circunscripción de paz será un espacio para reparar a las víctimas o para legitimar viejas estructuras de poder bajo nuevos discursos.


 

Esta no es una elección entre dos nombres; es una elección entre dos caminos. Entre la política que se construye desde la maquinaria y la política que nace desde el dolor, la resistencia y la esperanza. El votante de a pie, la madre cabeza de hogar, el campesino, el joven desplazado, tienen hoy en sus manos la posibilidad de darle una oportunidad a quien no representa el pasado violento, sino la posibilidad de dignidad y justicia social.


 

La circunscripción de paz fue creada para las víctimas, no para los herederos del poder. Y esa es la decisión que hoy enfrenta el Caribe colombiano.