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Carlos Caicedo: arruinó al Magdalena y ahora quiere gobernar a Colombia

Carlos Caicedo: arruinó al Magdalena y ahora quiere gobernar a Colombia

Por: Ronal Britto 


 

Recuerdo una y otra vez leer comunicados en los que las fuerzas que integran el Pacto Histórico salían a defender a Carlos Caicedo de los ataques que le hacía la derecha. Con este reyezuelo hay que tener solidaridad, pero él no la tiene con nadie. Está acostumbrado a exigir lo que no da. 

 

No hay duda de que el líder de la naranja desteñida vive horas de intensa soledad, producto de su comportamiento arrogante, autoritario y adánico. Esta forma de conducción ha llevado a que en el Magdalena aumente el número de empobrecidos. Bajo sus seis años de gobierno, sus fastuosas obras —las cuales inaugura con costosos conciertos— no han servido para reducir la pobreza. Hoy lo constatable es que en el territorio hay más pobres, pero también, presuntamente, nuevos ricos. Sin duda, con Fuerza Ciudadana al pueblo le ha ido mal, pero a algunos de sus líderes, muy bien. 

 

Bajo Caicedo y su fuerza mandarina, el departamento está aislado de la inversión social. El ego lo llevó a pelear con Uribe, Santos, Duque y hoy no tiene buenas relaciones con el presidente Gustavo Petro. Digámoslo sin tapujos: Caicedo ni Fuerza Ciudadana tributan políticamente a la fuerza del cambio que lidera el presidente Petro. 

 

Así, el autoaislamiento de Caicedo hace que hoy no esté ni en el Pacto Histórico, ni en Unitario y mucho menos en el Frente Amplio. Está solo y me temo que buscará seguir adorando su pálida figura, hoy transformada a punta de costosas cirugías. A propósito, ¿quién paga este lifting permanente? 


 

Asistimos a una crisis profunda en Fuerza Ciudadana: fuga de militantes, malos tratos, contratos de hambre, actitudes machistas, misóginas y un insoportable narcisismo político. Sin duda, su crisis no arrancó con el desastre de la alcaldía, donde el clan Caicedo quiso perpetuarse en una suerte de criminal endogamia. Su hecatombe política, cierto es, arrancó al no apoyar al Pacto Histórico, donde sus casi 500 mil votos habrían sumado entre tres y cuatro senadores más. Seguramente habría otra Cámara. Caicedo, de tanto calcular, terminó calculando mal. Se equivocó y se sigue equivocando: hoy nos vende su anémica candidatura a presidente. El cazador ha terminado cazado. 
 

Estás acostumbrado a relacionarte con la derecha. Ella te llevó a ser rector de la Universidad del Magdalena cuando apenas tenías terminado un bachillerato. Después el Partido Liberal te avaló para la alcaldía. Negociaste con Caballero y también con Trino Luna. Hace poco conocimos que tenías acuerdos con Holmes Echeverría y su Centro Democrático. En otro momento departías con el Mello Cotes y Cambio Radical en parrandas inolvidables. ¿Te acuerdas? Entonces tú cantabas y el Mello Cotes tocaba el acordeón. No nos des lección de izquierda.
 
Tú usas un discurso de izquierda, pero tu práctica es de derecha. Mira como contratas a los trabajadores y trabajadoras. Contratos de hambre.
 
Has 
enterrado aún más al Magdalena. Las obras de mala calidad no ahuyentan la crisis que vive tu fuerza política. Las carreteras son una vergüenza y hablas de campus universitarios donde lo que hay es una infraestructura sin programas de estudios. Y así todo lo demás.


 



 

ARRUINÓ AL MAGDALENA Y AHORA QUIERE EXPORTAR EL FRACASO A COLOMBIA 


 


 

Lo que hoy vive el Magdalena no es un accidente ni una herencia maldita: es el resultado directo de un estilo de gobierno basado en el ego, la confrontación permanente y el desprecio por los consensos. 


 

Seis años de administración bastaron para dejar más pobreza, más aislamiento institucional y una profunda fractura social. 


 

Ahora, el mismo dirigente que no pudo —o no quiso— construir bienestar en su propio territorio pretende venderse como alternativa presidencial. 


 

El riesgo es evidente: si así gobernó un departamento, ¿qué podría esperar el país entero bajo esa misma lógica autoritaria, personalista y excluyente? 


 

No se trata solo de una ambición desmedida, sino de la amenaza real de llevar a escala nacional un modelo que ya fracasó en el Magdalena.