El reciente señalamiento del exgobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, contra el candidato vicepresidencial y exdirector del DANE, Juan Daniel Oviedo, por haber confundido a Pueblo Bello con Puebloviejo, desató una nueva controversia política en el Caribe. Sin embargo, más allá del error geográfico, el episodio abrió un debate de fondo: ¿qué tanto hizo realmente Caicedo por Puebloviejo durante su paso por el poder?
Mientras Caicedo cuestiona con vehemencia el lapsus de Oviedo, en Puebloviejo —municipio históricamente golpeado por la pobreza, el abandono institucional y la falta de oportunidades— persiste una percepción crítica sobre los resultados de su administración. Líderes comunitarios y habitantes coinciden en que las transformaciones prometidas nunca se materializaron en obras estructurales que cambiaran la realidad del territorio.
Problemas como el acceso a agua potable, el deterioro de la infraestructura vial, el desempleo y las limitaciones en servicios básicos continúan siendo parte del día a día de sus pobladores. Para muchos, los anuncios y discursos no se tradujeron en soluciones concretas ni en una presencia sostenida del Estado.
El contraste entre el discurso político y las condiciones reales del municipio ha generado cuestionamientos sobre las prioridades de la administración departamental en su momento. Aunque desde sectores afines a Caicedo se defienden algunas inversiones sociales, en el territorio la sensación predominante es de deuda histórica.
En medio de este cruce de declaraciones, lo que queda claro es que la discusión trasciende un error de nombres. En Puebloviejo, más que confusiones, hay claridad en una exigencia: resultados palpables y una gestión que vaya más allá de la retórica.