Por: Ronal Britto Charris/ vía Las Dos Orillas
En Colombia, la política se ha convertido en un tablero donde las piezas se mueven con astucia, disfraz y cálculo. El presidente Gustavo Petro ha advertido desde Cali sobre un plan de injerencia electoral que, según sus denuncias, se estaría gestando desde Estados Unidos con el uso del BID como instrumento para financiar la compra de votos.
Una alerta que no puede pasar desapercibida, pues toca el corazón mismo de la soberanía democrática.
Pero mientras se señala la amenaza externa, no podemos ignorar los entramados internos. Carlos Caicedo, quien logró mantener la gobernación del Magdalena con apoyos que cruzan las fronteras ideológicas, aparece como un actor capaz de vestirse de progresista mientras juega con la derecha.
Su trayectoria muestra que no le tiembla la mano a la hora de pactar con quienes le aseguren continuidad y poder, incluso si eso significa hacerle el juego a sectores que buscan debilitar el proyecto transformador de Petro. El ejemplo más claro lo vimos en las elecciones atípicas, donde las alianzas revelaron que la política local no se mueve solo por convicciones, sino por conveniencias.
La pregunta de fondo es: ¿qué significa para el país que figuras que se presentan como alternativas progresistas terminen siendo funcionales a los mismos poderes que históricamente han frenado la justicia social? La advertencia de Petro sobre la injerencia internacional se complementa con la necesidad de desenmascarar las estrategias internas que, bajo el ropaje de la renovación, reproducen viejas prácticas de poder.
Hoy más que nunca, la ciudadanía debe estar alerta. No basta con denunciar la intervención extranjera; también debemos reconocer cómo ciertos liderazgos locales se convierten en engranajes de esa maquinaria. El reto es defender la democracia no solo de las presiones externas, sino también de las simulaciones internas que, con discursos progresistas, terminan debilitando el camino hacia la transformación.
*Las alianzas cuestionables de Caicedo*
Las elecciones del día domingo dejaron un hecho preocupante y es la política de alianzas definida por Carlos Caicedo para mantener el gobierno regional. En esta ocasión, sin escrúpulos de ninguna clase, pactó con Rodrigo Roncallo, confeso y condenado parapolítico del municipio de Tenerife, jurisdicción donde obtuvo más de un 93% del total de la votación, hecho que constituye una concentración y atipicidad del voto. También pactó con Pedro Sánchez, exalcalde de Aracataca, reconocido parapolítico del Magdalena.
Asimismo, cuestionable es la alianza con un acreditado corrupto como Eduardo Pulgar, quien fue decisivo en la votación que Caicedo obtuvo en Sitio Nuevo. Insoslayable es mencionar las alianzas con Holmes Echeverria, de las entrañas del Centro Democrático, quien le aportó un capital electoral decisivo e importante en el municipio de Zona Bananera.
Cuestionable es, de igual modo, la alianza establecida con Johan Pinedo, alfil de Eduardo Pulgar y diputado del Magdalena por el Centro Democrático. Otra alianza no santa fue la establecida con César Pacheco Aroon, diputado de la Asamblea del Magdalena por la coalición del Centro Democrático y Justas y Libres e hijo de Claudia Aroon.
Así, Carlos Caicedo muestra su más estruendosa crisis ética, moral y política, pues tanto criticó a los clanes y terminó pactando de modo vulgar y conveniente con ellos. Queda patentado que Caicedo, con tal de aferrarse al poder, no tiene frontera ética para establecer alianzas. Una cosa se predica y otra se practica. El relato de los clanes de Caicedo ha muerto, como quiera que él mismo constituye un clan y se relaciona con otros clanes.
*Votaciones atípicas y doble moral*
Otro hecho que llama la atención es la atipicidad de la votación en varios municipios, donde hubo una concentración del voto entre el 73 y 93%, lo que refleja algo preocupante porque puede obedecer a una presunta masiva compra de votos o a un proceso de constreñimiento del electorado.
Esta situación se observó en Plato, El Banco, Salamina y Chivolo. En Plato, Caicedo pactó con el alcalde de Cambio Radical. Siendo así, ¿con qué moral cuestiona el coaval recibido por Rafael Noya en su inscripción como candidato a la Gobernación del Magdalena? ¿O cómo puede fustigar la presencia de una diputada del Centro Democrático en la campaña de Noya cuando él tiene a Holmes Echeverria y a otros miembros del partido de Uribe en la suya? De nuevo, la doble moral de Caicedo y de Fuerza Ciudadana.
Es necesario que el movimiento naranja explique esa votación atípica, la cual nos hace retroceder a los días en que Trino Luna obtenía votaciones muy altas, solo que siendo él candidato único. En esta ocasión había competencia.
*El caicedismo en territorios paramilitares*
Otro hecho que hay que analizar es que Fuerza Ciudadana se impuso en zonas de amplia influencia paramilitar, lo que nos dice que quien presuntamente tenía los vínculos era el movimiento naranja y no el candidato Rafael Noya. Sin embargo, conocimos la estigmatización al candidato Noya y a su equipo asesor como narcopolítico, pero los que se impusieron en zona de amplia influencia paramilitar fueron los caicedistas. Sería oportuno y conveniente que las autoridades electorales y judiciales investiguen estos graves hechos.
*Una victoria que es derrota*
Finalmente, aunque Caicedo haya mantenido la gobernación, ese triunfo constata su dramática derrota, como quiera que vemos a un movimiento que pierde fuerza argumentativa, emocional y política y se ha entregado a las alianzas con criminales y corruptos de la peor laya. El autoritarismo, el personalismo y el narcisismo político de Carlos Caicedo lo han conducido por la estrecha trocha del individualismo político y, por ende, a no apostar por un proyecto común y compartido.
Hoy ha quedado reducido a 188 mil votos, lo que nos dice que sus votos cotizan a la baja en el mercado político-electoral nacional.
A pesar de esto, seguirá con su raquítica campaña a la presidencia para desunir el proyecto unitario del presidente Gustavo Petro, con quien tiene una competencia desleal.
Aunque sabemos que es Caicedo quien siente un placer obsceno en tildar a sus contrarios o antiguos compañeros de traidores y desleales, aquí quien ha traicionado al pueblo con su falso progresismo es él.
Ahora le corresponde el turno al Pacto Histórico construir un progresismo real, que interprete las verdaderas angustias y necesidades de nuestro digno pueblo del Magdalena.